El Carnaval de Oruro “habló” al corazón de los extranjeros

El Carnaval de Oruro “habló” al corazón de los extranjeros

Por: Samuel Misteli / Pagina Siete

“¿Escuchas el drum?”, pregunta Raymi con acento ligeramente estadounidense. “Me habla al corazón”. Es imposible no escuchar el drum del bombo, la banda Los Ardines pasa frente a la gradería principal y la música está tan fuerte que las palabras de Raymi casi no se escuchan.

Drones circulan en el aire sobre las trompetas y tambores. Con cada minuto el suelo se llena más de mixtura de todos los colores. Raymi significa “celebración” en quechua, y así se siente la chica de 28 años que ha venido a celebrar la cultura del país que considera su hogar a pesar de haber vivido toda su vida en Utah, en Estados Unidos.

 Fotos: Alexis Demarco

Hace 30 años que sus padres emigraron. Raymi  ha venido por primera vez a Bolivia. Ahora lleva aretes con colores de aguayo que se ha comprado un día antes. “Cuando escucho estas canciones -dice- siento que esto es home (hogar en inglés)”.

En casa también se siente Juana, quien está sentada en la gradería de la plaza principal. Bailarines con ponchos de diferentes tonos azules pasan frente a ella.

Los danzarines están sudando, Juana está aplaudiendo. “El Carnaval es algo muy nuestro”, dice la orureña. Quiere que esto siga así. “Todos nos roban las danzas”, lamenta. “Espero que se reconozca que son de Oruro”.


Unos metros más adelante Martín, quien ha venido de Chile, baila y se toma una foto con unas bailarinas. Él tiene una visión más universal del Carnaval: “Aquí siento que no hay diferencia entre los pueblos”, dice el dentista.

Mágico, es el adjetivo que considera adecuado. Ahora va a esperar la diablada y la morenada para bailar  de nuevo hasta que haya oscurecido. “Me acaban de informar que me falta movimiento de cadera”, dice y se ríe.


Pasan niñas tan meticulosamente vestidas y maquilladas que parecen señoras; señoras tan meticulosamente vestidas y maquilladas que parecen chicas; bailarinas con sonrisas tan largas como sus tacones. Pasan niños, corriendo y gritando, que están tan llenos de espuma que parecen hombres de nieve.

Huele a azufre cuando pasan los diablos. Cohetes suben al aire y “combaten” a  las cabinas del teleférico recién estrenado.

Al subir en el teleférico la música se difunde en el aire, con cada metro de altura baja algunos decibelios. Pero desde arriba se escucha de nuevo tan fuerte que uno se queda asombrado de que los ladrillos que forman la ciudad se queden en su lugar y no se muevan con el tacto del ritmo cardiaco de los tambores.


La Virgen que vigila la ciudad desde el cerro observa el humo de todos los colores que sube. Mientras la Virgen en la iglesia del Socavón  observa con rostro benigno la interminable procesión a rodillas que pasa delante de ella.

 El Carnaval de Oruro es la máxima representación del Carnaval en Bolivia, fue declarado por la Unesco “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”.


Instrumentos, plumas, trajes de todos los colores se mueven por el suelo. Caras cansadas, felices, suplicantes, agradecidas buscan los ojos de la Virgen.

 Una señora vierte lágrimas al hacer un pedido para su nieta. Las máscaras se han caído después de cuatro horas y cuatro kilómetros de danza. Por el altavoz se escucha: “Ave María, llena eres de gracia…”.